INTRODUCCION
El análisis de los aspectos socio-económicos relacionados con el tema de la pobreza y su incidencia en el comportamiento social de la mujer resume el paradigma de un esquema de intolerancia tradicional cuya consecuencia en el tiempo, inevitablemente, conducirá a una dura confrontación ético-moral en la que el género que ancestralmente ha sido injustamente relegado y sojuzgado terminará por alcanzar el control definitivo de los distintos elementos estructurales que hoy le impiden su desarrollo integral.
Por su naturaleza mujer y pobreza son, en esencia, dos elementos absolutamente antagónicos y contrapuestos y aún cuando muchas organizaciones especializadas en estos asuntos utilicen con frecuencia estadísticas que muestran un mapa alarmante de pobreza material que afecta a la mayor parte de la población femenina en diversas partes del mundo, esto no evidencia la existencia de una relación vinculante y fatal entre mujer y pobreza como algunos pretenden hacer creer, sino, más bien, la preeminencia de una ausencia de programas de aplicación universal que permitan rehabilitar las capacidades naturales que poseen las mujeres para que puedan participar en el logro de las transformaciones que su condición reclama y que sólo ellas con su fortaleza espiritual tienen la posibilidad de concretar.
Conocemos por experiencia que la pobreza es una potestad que se solaza en crear las condiciones necesarias para expandir su hegemonía de atraso, miseria y destrucción valiéndose de todos los recursos a su alcance, incluso de aquellos que en ocasiones le han sido adversos. No obstante, todos esos recursos nunca serán suficientes para doblegar las fuerzas de una mujer, espiritual y técnicamente preparada, decidida a alcanzar sus metas. La mujer está equipada, por así decirlo, de un variadísimo arsenal de armas y escudos para la lucha, utilizados la mayoría de las veces de manera inadecuada, que las capacita para superar cualquier circunstancia que intente postrarlas en ese indeseable estado. No olvidemos que la pobreza es un enemigo poderoso que adormece el alma combativa de las personas induciéndolas al conformismo y a la aceptación de dicho estado como si este fuese una condición natural de sus vidas; socavando sus espacios interiores y sembrando en sus corazones distintos sentimientos inconscientes que pueden neutralizar transitoria o permanentemente su arsenal defensivo. Tal es el caso de esa diversidad de “complejos”, entre los que se destaca el muy controversial “complejo de pobreza”. Este enemigo actúa solapadamente confundiendo nuestros pensamientos, colocándonos en una situación de severa minusvalía que nos impide accionar eficientemente para confrontarlo y vencerlo. Por ello es imperativo persuadirnos de que no podremos combatir jamás contra ese enemigo si nos negamos a reconocerlo o si lo ignoramos. Debemos reconocer primero que este existe y que está actuando contra nosotros para poder planificar una estrategia adecuada para derrotarlo. Debemos, así mismo, aceptar el hecho de que todos los seres humanos tenemos el deber de luchar con tenacidad para mejorar nuestras condiciones existenciales y las de nuestros semejantes.
Es obvio reconocer que en este terreno las mujeres están mejor dotadas que los hombres, espiritual y psicológicamente. Ellas fueron provistas en mayor densidad que las demás criaturas de tres misteriosos elementos que, de combinarse adecuadamente, podrían producir una fusión capaz de transformar los fundamentos mismos de la existencia humana. Estos elementos son: Voluntad, Fortaleza y Amor.
En razón a estos antagonismos y contraposiciones que, a nuestro juicio, existen entre mujer y pobreza decidimos diseñar un programa que estimule la incorporación de ellas a un proceso de capacitación laboral que les permita la superación de esas condiciones de pobreza espiritual y material que en este momento las afecta.
El análisis de los aspectos socio-económicos relacionados con el tema de la pobreza y su incidencia en el comportamiento social de la mujer resume el paradigma de un esquema de intolerancia tradicional cuya consecuencia en el tiempo, inevitablemente, conducirá a una dura confrontación ético-moral en la que el género que ancestralmente ha sido injustamente relegado y sojuzgado terminará por alcanzar el control definitivo de los distintos elementos estructurales que hoy le impiden su desarrollo integral.
Por su naturaleza mujer y pobreza son, en esencia, dos elementos absolutamente antagónicos y contrapuestos y aún cuando muchas organizaciones especializadas en estos asuntos utilicen con frecuencia estadísticas que muestran un mapa alarmante de pobreza material que afecta a la mayor parte de la población femenina en diversas partes del mundo, esto no evidencia la existencia de una relación vinculante y fatal entre mujer y pobreza como algunos pretenden hacer creer, sino, más bien, la preeminencia de una ausencia de programas de aplicación universal que permitan rehabilitar las capacidades naturales que poseen las mujeres para que puedan participar en el logro de las transformaciones que su condición reclama y que sólo ellas con su fortaleza espiritual tienen la posibilidad de concretar.
Conocemos por experiencia que la pobreza es una potestad que se solaza en crear las condiciones necesarias para expandir su hegemonía de atraso, miseria y destrucción valiéndose de todos los recursos a su alcance, incluso de aquellos que en ocasiones le han sido adversos. No obstante, todos esos recursos nunca serán suficientes para doblegar las fuerzas de una mujer, espiritual y técnicamente preparada, decidida a alcanzar sus metas. La mujer está equipada, por así decirlo, de un variadísimo arsenal de armas y escudos para la lucha, utilizados la mayoría de las veces de manera inadecuada, que las capacita para superar cualquier circunstancia que intente postrarlas en ese indeseable estado. No olvidemos que la pobreza es un enemigo poderoso que adormece el alma combativa de las personas induciéndolas al conformismo y a la aceptación de dicho estado como si este fuese una condición natural de sus vidas; socavando sus espacios interiores y sembrando en sus corazones distintos sentimientos inconscientes que pueden neutralizar transitoria o permanentemente su arsenal defensivo. Tal es el caso de esa diversidad de “complejos”, entre los que se destaca el muy controversial “complejo de pobreza”. Este enemigo actúa solapadamente confundiendo nuestros pensamientos, colocándonos en una situación de severa minusvalía que nos impide accionar eficientemente para confrontarlo y vencerlo. Por ello es imperativo persuadirnos de que no podremos combatir jamás contra ese enemigo si nos negamos a reconocerlo o si lo ignoramos. Debemos reconocer primero que este existe y que está actuando contra nosotros para poder planificar una estrategia adecuada para derrotarlo. Debemos, así mismo, aceptar el hecho de que todos los seres humanos tenemos el deber de luchar con tenacidad para mejorar nuestras condiciones existenciales y las de nuestros semejantes.
Es obvio reconocer que en este terreno las mujeres están mejor dotadas que los hombres, espiritual y psicológicamente. Ellas fueron provistas en mayor densidad que las demás criaturas de tres misteriosos elementos que, de combinarse adecuadamente, podrían producir una fusión capaz de transformar los fundamentos mismos de la existencia humana. Estos elementos son: Voluntad, Fortaleza y Amor.
En razón a estos antagonismos y contraposiciones que, a nuestro juicio, existen entre mujer y pobreza decidimos diseñar un programa que estimule la incorporación de ellas a un proceso de capacitación laboral que les permita la superación de esas condiciones de pobreza espiritual y material que en este momento las afecta.

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